JORNADAS DE REFLEXIÓN SOBRE LA POBREZA

DIOCESIS DE TOLUCA

COMISIÓN DIOCESANA DE PASTORAL SOCIAL

 

JORNADAS DE REFLEXIÓN

SOBRE LA POBREZA

INTRODUCCIÓN

 En la Diócesis de Toluca nos encontramos en el Proceso de revitalización y renovación de las parroquias.

En ese contexto, el próximo mes de mayo iniciaremos los trabajos del Primer Congreso Diocesano de Pastoral Social realizando en nuestras parroquias: Talleres de Observación Participada, que nos llevarán a establecer en cada una un observatorio de la pobreza.

Para preparar estos Talleres, el Equipo coordinador del Congreso, nos invita realizar en nuestras parroquias, durante el tiempo de Cuaresma, unas Jornadas de Reflexión  sobre la Pobreza que, a partir de la Palabra de Dios y de la Doctrina Social de la Iglesia, nos ayuden a sensibilizarnos ante este problema.

Dichas Jornadas se pueden realizar a manera de Retiro Cuaresmal de un día, a modo de Ejercicios Espirituales ó como una plática semanal, ya que la actitud que cada católico tenemos frente a la pobreza es un reflejo de nuestra madurez espiritual cristiana.

 Estructura de los temas:

Los temas están estructurados de  forma muy sencilla.

1. Una breve introducción.

La introducción, aunque breve, tiene tres objetivos: explicar a la Comunidad el contexto de estas Jornadas, establecer la conexión con el tema anterior y disponer a los asistentes a escuchar en un clima orante y de fe la Proclamación de la Palabra de Dios. 

2. Una Lectura de la Palabra de Dios.

La Proclamación de la Palabra de Dios se puede hacer en un ambiente celebrativo, precediendo la lectura con un canto como: “Estuchar tu palabra”, “Tu palabra me da vida”, u otro canto parecido.

Después de la Proclamación de la Palabra se  puede pedir a los participantes que busquen el texto en su Biblia para que lo relean y dejar unos breves momentos: de tres a cinco minutos para interiorizar la lectura y puedan anotar en su hoja ó su cuaderno lo que a cada uno le llamó la atención. 

3. Unas preguntas para hacer Eco de la Palabra de Dios en nuestra vida.

Es básico que estas preguntas se comenten de forma participativa. La primera pregunta es básica y si los participantes se abren generosamente, no serán necesarias la dos y la tres que tienen como finalidad profundizar en el sentido del texto. Se sugiere que en este paso el Guía de cada Jornada deje hablar a los participantes libremente para aprovechar los aprendizajes que la reflexión de cada uno pueda aportar al grupo.

Este paso concluye con un cierre del Guía de la Jornada en el que resalta los comentarios principales y aclara las dudas que hayan surgido en  la comprensión del texto.

4. Comentario a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia.

Después de la interiorización de la Palabra de Dios, se propone profundizar en el sentido del texto, con un  comentario a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia tomado del libro “Los Pobres no pueden esperar”.

El comentario se puede profundizar como lectura comentada, ó una exposición ó charla del guía de cada Jornada.

El Guía puede agregar sus experiencias personales ó comunitarias ó sus conocimientos sobre el tema.

5. Y unas preguntas finales para discernir comunitariamente el llamado que Dios nos hace a convertirnos en esta Cuaresma.

Estas preguntas tienen como finalidad que el facilitador ayude a los participantes a aprovechar el tema para crecer en la caridad en esta Cuaresma.

Recomendaciones generales:

Los  materiales que aquí se presentan son solamente una guía temática.

Queda a la creatividad de cada facilitador el incluir, cantos, dinámicas, actividades y momentos de oración que ayuden a la reflexión sobre la pobreza y que sensibilicen a actuar de frente a este grave problema que afecta gran parte de nuestros hermanos.

Conviene que los participantes lleven su Biblia y un cuaderno para escribir lo que deseen.

Si se cree conveniente al inicio ó al final se puede realizar la siguiente oración por  el Congreso:

Señor Jesús, Buen Samaritano,

ya que es tu voluntad el que todos tengamos vida,

y la tengamos en abundancia,

te pedimos que derrames tu Espíritu de Vida,

que dirija nuestros pasos

en la construcción de una Iglesia fraterna y solidaria,

para que las parroquias de nuestra Diócesis de Toluca,

por su testimonio de caridad y de justicia,

sean signos de tu Reino.

 

Y que tu mismo  Espíritu Santo

nos acompañe en el caminar

de todos los trabajos que realizamos

en nuestro primer Congreso Diocesano

de Pastoral Social.

 

Hoy queremos ser Iglesia solidaria

con tus rostros sufrientes, los pobres de esta hora.

Una Iglesia servidora y testigo de la Buena Nueva,

una iglesia discípula misionera en la caridad,

samaritana a la vera de los caminos,

promotora y defensora  de la vida, la  justicia y la paz.

 

Te lo pedimos por Santa María de Guadalupe,

la Señora del Magníficat, Mensajera de esperanza,

Madre y Compañera en la solidaridad

que Tú quieres de nosotros.

Amén.

 

TEMA 1

LOS POBRES SON LOS ROSTROS SUFRIENTES DE CRISTO 

1. Introducción.

El relato del Juicio final nos invita a descubrir el rostro de Cristo presente en los rostros de los pobres y nos recuerda como decía San Juan de la Cruz que “al final de nuestra vida se nos examinará sobre el amor”.

Al inicio de esta cuaresma dejémonos iluminar por este Evangelio, para que como parroquia podamos prepararnos de manera consciente y fructuosa a la Pascua y al próximo Congreso Diocesano de Pastoral Social que tendrá como tema: “Los pobres: desafío evangelizador”.

2. Lectura de la Palabra de Dios.

Leer Mateo 25, 31-46.

3. Eco de la Palabra de Dios en nuestra vida

-¿Qué te llamó la atención del texto?

-Según el texto, ¿por qué el rey se molesta?

-¿En qué “pequeños” ó pobres está presente Cristo en la actualidad?

-¿Personalmente qué te pide Dios a través de esta lectura?

4. La Doctrina Social de la Iglesia.

La parábola del Juicio Final:

La presencia de Cristo en los pobres es profundizada en el discurso de Mateo en la parábola del «Juicio final» (Mí 25,31-46): el Hijo del hombre se identifica con los que tienen hambre y sed, con los extranjeros y enfermos, los desnudos y encarcelados y dice que lo que se hace a uno de los más pequeños, se le hace a Él. El cuidado de los marginados forma parte irrenunciable del seguimiento de Jesús.

La parábola del juicio final nos ayuda a entender el sentido de la vida cristiana. El amor a Dios, para ser auténtico, ha de traducirse en el amor a los hermanos. «Esta página no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología que ilumina el misterio de Cristo. Sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia.»[1]

Jesús se identifica con los pobres y nos juzgará por el modo de servirlos, siendo este servicio medida privilegiada, aunque no excluyente, de nuestro seguimiento a Jesucristo. «En el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios.»[2]

Encontramos en esta parábola un componente ético, relativo al trato que debe dar el hombre a sus hermanos, se juzga la omisión, la falta de generosidad y la indolencia frente a una situación injustamente padecida. Tiene también un componente propiamente religioso, referido a la capacidad de descubrir el rostro vivo de Cristo en medio de los hombres y de las mujeres.

(Comentario tomado del Libro: “Los pobres no pueden esperar”, Comisión Episcopal de Pastoral Social, México, 2010, p. 38).

Además, los Obispos de América Latina nos invitan a descubrir en la realidad los rostros sufrientes de Cristo en nuevas formas de pobreza.

Profundicemos:

Los rostros de los nuevos excluidos pueden citarse y describirse por la proximidad y semejanza con las causas de su exclusión, así, encontramos:

Excluidos por motivos de injusticia asociados al fenómeno de la movilidad humana: personas migrantes, víctimas de la violencia, desplazadas y refugiadas, víctimas del tráfico de personas y secuestros, desaparecidos.

Excluidos por padecer enfermedades o dependencias: personas portadoras de VIH, víctimas de enfermedades endémicas y toxicodependientes.

Excluidos por ser víctimas de diversas formas de explotación: ancianos, niños y niñas que son víctimas de la prostitución, pornografía, violencia o trabajo infantil; mujeres maltratadas, víctimas del tráfico para la explotación sexual.

Excluidos por la dificultad de inserción social y económica: personas con capacidades diferentes, desempleadas, excluidas por el analfabetismo tecnológico, personas que viven en las calles de las grandes urbes.

Excluidos por situaciones culturales: indígenas, afroamericanos, campesinos sin tierra y los mineros.

(Comentario tomado del Libro: “Los pobres no pueden esperar”, Comisión Episcopal de Pastoral Social, México, 2010, p. 26)

5. Invitación a la conversión

¿Qué haré en esta cuaresma para ser solidarios con los rostros sufrientes de Cristo?

TEMA 2

UNA MIRADA SAMARITANA HACIA LOS POBRES

 

1. Introducción.

En el tema uno descubrimos la presencia de Cristo en las personas que se encuentran en situación de pobreza, de la pobreza que es fruto de la injusticia. Por eso, la pobreza nos exige una mirada Samaritana y una opción preferencial por los pobres.

Escuchemos con atención lo que al respecto nos dice la Palabra de Dios.

2. Lectura de la Palabra de Dios.

Leer Lucas 10,25-37.

3. Eco de la Palabra de Dios en nuestra vida

-¿Qué te llamó la atención del texto?

-Según el texto ¿quién es el prójimo?

-¿Qué diferencia hay entre el modo de actuar del Levita, el Sacerdote y el Samaritano?

-¿Personalmente qué te pide Dios a través de esta lectura?

4. La Doctrina Social de la Iglesia.

La pedagogía del Buen Samaritano

La parábola del buen Samaritano (Lc 10,25-37] es criterio de comportamiento de los discípulos de Jesús y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado, encontrado «casualmente» en el camino, quienquiera que sea.[3] En ella encontramos los criterios de lo que podríamos llamar pedagogía de la caridad.

En primer lugar la importancia del «otro» en la vida del discípulo. La parábola invita a quien la escucha a descentrarse de sí mismo, habla de los otros, y asume así la pregunta «¿Quién es mi prójimo?». La pregunta sobre la propia identidad solo se responde desde el otro que es servido y amado. La pregunta final de Jesús en la parábola es clara: «¿Quién de estos te parece que fue prójimo?»

En segundo lugar, nos enseña la importancia de la pregunta y el diálogo. En la parábola, Jesús lo hace de manera magistral. A la pregunta del legista «¿qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?», Jesús le formula otra con el interés de llevarlo a revisar su forma de ver y de actuar. Y al final de la parábola Jesús no concluye sino que deja abierta la respuesta para que cada quien sienta su vida profundamente implicada y transformada en la respuesta.

En tercer lugar, señala la lógica del servicio, indicando el criterio para salir al encuentro de quienes se encuentren heridos, en el alma o en el cuerpo, por los senderos de la vida, «se universaliza el concepto de prójimo», mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar. El amor al prójimo no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y ahora.[4] No nos es lícito «pasar de largo» con indiferencia, sino que debemos «detenernos» al lado del que sufre.[5]

En cuarto lugar, enseña la lógica de la solidaridad.[6] Ésta, es la respuesta de la compasión evangélica, que no se sigue de la comprensión intelectual de una situación, sino de la contemplación. Brota del corazón transformado por el amor a Dios y mueve a la acción. El discípulo de Jesús debe hacerse presente de manera eficaz en las necesidades de los pobres, sin «quedarse anclado» en la pregunta acerca de las situaciones que lo llevaron a esa condición. Para hacerlo, debe «atreverse a mirar el mundo como Dios lo hace y a sanar las heridas de los hermanos.»[7]

(Comentario tomado del Libro: “Los pobres no pueden esperar”, Comisión Episcopal de Pastoral Social, México, 2010, p. 40-41).

Pero la mirada Samaritana que Jesús nos pide, nos exige como cristianos una opción preferencial por los pobres.

 Profundicemos en lo que esto significa:

La opción preferencial de los pobres

En los pobres hay una presencia especial del Señor que impone a la Iglesia una opción preferencial por ellos.[8] Esta opción no deriva de una ideología, ni de una corriente de pensamiento, ni de un oportunismo político-social, «nace de nuestra fe en Jesucristo, el Dios hecho hombre, que se ha hecho nuestro hermano.»[9]

La opción preferencial por los pobres «está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Cor 8,9).»[10] Por tanto, es en la opción por Dios, revelado en Jesucristo, donde se encuentra el fundamento y la radicalidad evangélica de la solidaridad concreta y capilar con personas que padecen una situación de injusticia y de insignificancia social.

El discípulo encuentra en Jesús, en la forma como vio, habló, trató, se acercó, cuidó y se comprometió con los pobres, el camino hacia el Dios amor, en esta experiencia, se descubre que el «amor de Dios y amor al prójimo son inseparables, es un único mandamiento»[11] por ello, el amor y el cuidado de los pobres es componente fundamental del seguimiento de Jesús, un signo que anuncia la presencia del Reino y hace evidentes sus exigencias.

Es un amor preferencial, porque el amor de Dios es universal; nadie está excluido de él. Sin embargo, este amor debe hacerse concreto, de lo contrario se perdería en una universalidad abstracta, vacía de contenido, por ello, para el discípulo de Jesús, los últimos, aquellos que viven una situación de marginación y de injusticia, contraria a la voluntad de Dios, deben ser los primeros. De ese modo amamos como Jesús amó (cf. Jn 13,34) y hacemos de su testimonio la pauta de nuestras vidas y de nuestros compromisos.

(Comentario tomado del Libro: “Los pobres no pueden esperar”, Comisión Episcopal de Pastoral Social, México, 2010, p. 42)

5. Invitación a la conversión

¿Qué debo de hacer en mi vida para no actuar como el Sacerdote y el Levita de la lectura de la parábola del Buen Samaritano?

 

TEMA 3

SOLIDARIOS CON LOS POBRES

1. Introducción.

En los temas pasados hemos profundizado en  la presencia de Cristo en los pobres, y en como la Iglesia ha hecho una opción preferencial por ellos.

Sin embargo en muchos de nosotros, como Iglesia, hay indiferencia, pensado en que si nosotros no hemos causado la pobreza de los necesitados, entonces no tenemos responsabilidad.

Otros en la Iglesia equivocadamente piensan que resolver el problema de la pobreza es un asunto que solamente corresponde al gobierno.

Además, otros más llegan a pensar que la pobreza no es asunto de la vida cristiana, a pesar de que tanto el año de la misión permanente como al año de la liturgia nos ha iluminado para poner en práctica lo que creemos y celebramos.

Para reflexionar este aspecto, dejémonos iluminar por la Palabra de Dios meditando la parábola del Rico Epulón tan citada en la Doctrina Social de la Iglesia cuando de la pobreza se trata.

2. Lectura de la Palabra de Dios.

Leer Lucas 16,19-31

3. Eco de la Palabra de Dios en nuestra vida.

-¿Qué te llamó la atención del texto?

-Según el texto ¿cuál fue la desgracia del rico?

-¿Crees que el objetivo de este texto es  justificar la pobreza y consolar a los pobres con la idea de un paraíso futuro?

-¿Personalmente qué te pide Dios a través de esta lectura?

4. La Doctrina Social de la Iglesia.

La parábola del rico y el pobre Lázaro

Constatar la presencia y la persistencia de la pobreza a niveles masivos puede interpretarse como un peligroso signo de indiferencia no sólo frente a los demás hombres sino frente al mismo Dios. El desarrollo se vuelve una visión gigantesca de la parábola del rico y de Lázaro. La proximidad de lujo y miseria acentúa el sentimiento de frustración de los desafortunados.[12]

La parábola del rico y el pobre Lázaro es un llamado a la conversión y al cambio de vida, que implica «comprometerse en una forma de vida nueva que se distingue por el modo de amarse los hermanos, de compartir los bienes y servir a los demás, especialmente a los más pobres.»[13]

Esta parábola aparece con frecuencia en el magisterio social. «El rico epulón (cf. Lc 16,19-31) suplica desde el lugar de los condenados que se advierta a sus hermanos de lo que sucede a quien ha ignorado frívolamente al pobre necesitado. Jesús por decirlo así, acoge este grito de ayuda y se hace eco de él, para ponernos en guardia, para hacernos volver al recto camino.»[14]

Pablo VI afirma que en la actualidad se vive en el mundo la parábola del rico y del pobre Lázaro: para invertir esta situación hay que terminar de acumular lo superfluo y luchar para que a nadie le falte lo necesario, a fin de que un día «el pobre Lázaro pueda sentarse a la misma mesa del rico.»[15]

En esta parábola, el hombre rico no le ha causado la pobreza a Lázaro, ni siquiera la conoce. Pero ahí está Lázaro con su sufrimiento y el rico no lo ve. Es indiferente. Su riqueza no le permite tener la sensibilidad necesaria para darse cuenta de que los seres humanos no son autosuficientes. Aquí aprendemos que «el amor por los pobres es ciertamente incompatible con el amor desordenado de las riquezas o su uso egoísta.»[16]

Es una parábola que tendría que ser traducida por toda la humanidad en términos contemporáneos, de economía y política, de plenitud de derechos humanos, de relaciones internacionales. La parábola del rico y Lázaro debe estar siempre presente en nuestra memoria: debe formarnos nuestra conciencia[17] pues todos los hombres y todos los pueblos tienen derecho a la mesa «en lugar de yacer a la puerta como Lázaro.»[18]

(Comentario tomado del Libro: “Los pobres no pueden esperar”, Comisión Episcopal de Pastoral Social, México, 2010, p. 39-40).

Si bien es cierto, que la pobreza de muchas personas hoy en día, no es culpa directa de muchos ricos, sino que tiene su raíz en causas estructurales… lo que la parábola nos denuncia principalmente es la indiferencia.

¿Cómo podemos cambiar la indiferencia?

Profundicemos otro poco en la enseñanza de algunos principios de la doctrina social de la Iglesia:

Solidaridad

La solidaridad, según la enseñanza social de la Iglesia, no es un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, el bien de todos y de cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos.[19] Frente al drama de los pobres implica, como actitud de fondo sentir la pobreza ajena como propia, encarnar en uno mismo la miseria de los marginados y actuar en rigurosa consecuencia.[20]

Por la solidaridad los pobres no son meros objetos de acciones y de planes asistencialistas, sino sujetos de un proceso histórico, orientado a la transformación de la sociedad por medio de la justicia, ya que hay una cierta relación de causalidad entre la riqueza y la pobreza. A partir de ello se entiende el compromiso político a favor de los pobres exigido por la opción que se hace por ellos.

Es una solidaridad que se concreta en el servicio y la atención a cuantos viven en la pobreza y en la indigencia, a los huérfanos, a los minusválidos, a los enfermos, a los ancianos, a quien está de luto, a cuantos viven en la confusión, en la soledad o en el abandono; que se abre a la acogida, a la tutela o a la adopción; que sabe hacerse voz, ante las instituciones, de cualquier situación de carencia, para que intervengan según sus finalidades específicas.[21]

Subsidiariedad

La dignidad humana exige que las personas sean sujetos activos y responsables de su desarrollo personal y social. Por ello debe respetarse y promoverse la libertad y la responsabilidad de las personas, grupos y asociaciones, cuidando de no atrofiar la subjetividad social.

Por el principio de subsidiaridad, es posible estimular el espíritu de iniciativa, base fundamental de todo desarrollo socioeconómico, en los mismos países pobres. «A los pobres se les debe mirar no como un problema, sino como los que pueden llegar a ser sujetos y protagonistas de un futuro nuevo y más humano para todo el mundo.»[22]

El principio de la subsidiariedad se ha interpretado exclusivamente en un sentido económico, discutiéndose cuál sería el límite de la injerencia del Estado en la economía. Sin embargo, esta discusión, aunque importante, no toca el aspecto esencial de la subsidiariedad que es la libertad de las personas y de sus organizaciones y no la libertad de las instituciones. No se trata sólo de dejar hacer o de no inmiscuirse o entrometerse, sino de asumir un compromiso activo por el desarrollo de la libertad de las personas en cada uno de los niveles sociales donde ello es posible y necesario.

El principio de subsidiariedad es particularmente adecuado para gobernar la globalización y orientarla hacia un verdadero desarrollo humano. Al reconocer que la reciprocidad forma parte de la constitución íntima del ser humano, es el antídoto más eficaz contra cualquier forma de asistencialismo paternalista.[23]

Caridad

La Caridad es un don, es «una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz.»[24] En Cristo hemos recibido el amor de Dios. Y es también un imperativo para el cristiano. Es un mandato, que el cristiano puede cumplir porque primero lo ha recibido como un don.

La Iglesia ha recibido de Jesús el mandato de difundir en el mundo la buena noticia del amor de Dios. Es una tarea que la Iglesia puede desarrollar gracias al don del Espíritu. «El Espíritu es también la fuerza que transforma el corazón de la comunidad eclesial para que sea en el mundo testigo del amor del Padre, que quiere hacer de la humanidad, en su Hijo, una sola familia.»[25]

La opción preferencial por los pobres, propia de la Iglesia, no tiene que ver sólo con el sector de servicios de caridad, sino es vivir la caridad evangélica en todo, de manera que todas las actividades pastorales se refieran a ella: la predicación, la construcción de los edificios sagrados, la organización de la catequesis, la administración de los sacramentos, la pastoral de las familias, de los ancianos, de los jóvenes, etc. Esto puede realizarse sólo si la virtud de la caridad pertenece a toda la comunidad.

Justicia

La Iglesia está llamada a ser sacramento de amor y la «medida mínima» de la caridad es la justicia. No podemos dar como caridad lo que es debido a los demás por razón de justicia.[26] La acción por la justicia y promoción humana no son ajenas a la evangelización.[27] Ante las intolerables desigualdades sociales y económicas, la Iglesia está convocada a promover el reconocimiento y el respeto de los legítimos derechos de las personas y los pueblos[28], en una palabra, a ser abogada de la justicia y defensora de los pobres.[29]

En esta tarea, es fundamental reconocer, como enseña el Concilio Vaticano II, la autonomía de las realidades temporales. «La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar. La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien.»[30]

La responsabilidad directa de actuar a favor de un orden social justo es de los laicos, llamados a participar en primera persona en la vida pública.[31] Los pastores  por su parte, con su enseñanza contribuyen, «a la purificación de la razón y reavivar las fuerzas morales, sin lo cual no se instauran estructuras justas, ni éstas pueden ser operativas a largo plazo.»[32]

(Comentario tomado del Libro: “Los pobres no pueden esperar”, Comisión Episcopal de Pastoral Social, México, 2010, p. 48-51).

5. Invitación a la conversión.

¿Qué puedo hacer esta Cuaresma para combatir la indiferencia ante la pobreza de quienes me rodean y no estar distraído en mi egoísmo como el rico epulón?

TEMA 4

COMBATIR LA POBREZA

 1. Introducción.

En el último tema profundizamos brevemente en algunos principios de la Iglesia que nos invitan a combatir nuestra indiferencia ante la pobreza.

Esta actitud de solidaridad y caridad corresponsable frente a la pobreza, nos exige como hemos visto, no solamente desearle al pobre un futuro mejor sino que nos empuja a actuar para combatir la pobreza.

Escuchemos con atención lo que nos dice la palabra de Dios sobre poner en acción nuestra fe para combatir la pobreza.

2. Lectura de la Palabra de Dios.

Leer Santiago 2,14-17

3. Eco de la Palabra de Dios en nuestra vida.

-¿Qué te llamó la atención del texto?

-Según el texto ¿qué relación hay entre la fe y las obras?

-¿Cómo se demuestra la fe con obras?

-¿Personalmente qué te pide Dios a través de esta lectura?

4. La Doctrina Social de la Iglesia.

De acuerdo en lo que leímos en el apóstol Santiago, combatir la pobreza actuar con acciones concretas para superar la pobreza.

Descubramos algunos caminos concretos de acción en la Doctrina Social de la Iglesia.

Transformar la realidad de los pobres y la pobreza

La situación de los más necesitados pide medidas extraordinarias, socorros impostergables, subsidios imperiosos. ¡Los pobres no pueden esperar![33] Los que nada tienen no pueden aguardar el alivio que les llegue por una especie de rebalse de la prosperidad generalizada de la sociedad.[34] Los problemas de la injusticia en el desarrollo de los pueblos piden que se actúe con valor y sin demora, con urgencia, exigida por el estado de las cosas, por la caridad y por la necesidad de alcanzar una auténtica fraternidad.[35]

El amor preferencial por los pobres no escapa al riesgo «de quedarse en un plano teórico o meramente emotivo, sin verdadera incidencia en nuestros comportamientos y en nuestras decisiones.»[36] Para que esto no suceda es necesaria «la elaboración y la puesta en marcha de programas de acción audaces con miras a la liberación socioeconómica de millones de hombres y mujeres cuya situación de opresión económica, social y política es intolerable.»[37] Es necesario «suprimir las graves desigualdades sociales y las enormes diferencias en el acceso a los bienes.»[38]

En los esfuerzos por superar la pobreza «es necesario no sólo aliviar las necesidades más graves, sino que se ha de ir a sus raíces, proponiendo medidas que den a las estructuras sociales, políticas y económicas una configuración más ecuánime y solidaria.»[39] La búsqueda efectiva de políticas contra la pobreza requiere una comprensión de la naturaleza a la pobreza, quiénes son los pobres, dónde viven, que obstáculos enfrentan y las condiciones económicas y sociales bajo las cuales las políticas contra la pobreza deben buscarse, así como la ética que subyace a ellas.

La misión de la Iglesia, «para que en Cristo nuestros pueblos tengan vida», le exige en su ser y en su actuar, hacerse «compañera de camino de nuestros hermanos más pobres.»[40] La tarea de todas las dimensiones de la pastoral social, y de los organismos a través de los cuales éstas actúan, forma parte de la misión de la Iglesia y debe asegurar que junto a la cercanía amorosa que la identifica con los pobres, que la evangelizan y le enseñan a recorrer el camino de la pobreza para que aprenda las lecciones del Evangelio, no debe faltar la acción política de los cristianos, a través de una presencia activa en la sociedad, como sal y levadura de una ciudadanía impregnada por los valores del Reino.

(Comentario tomado del Libro: “Los pobres no pueden esperar”, Comisión Episcopal de Pastoral Social, México, 2010, p. 52-53).

5. Invitación a la conversión.

¿Qué necesitamos hacer para hacernos compañeros de camino de nuestros hermanos pobres en esta cuaresma?

 

TEMA  5

BIENAVENTURADOS LOS POBRES

1. Introducción.

En los temas anteriores hemos hecho énfasis en un aspecto fundamental de la vida cristiana. La pobreza fruto de lo injusticia no se debe de tolerar sino que se debe de combatir. Pero, hay otro tipo de pobreza que se debe de asumir, imitar, vivir. Es una pobreza que brota de de nuestra identidad cristiana. Se trata de la pobreza que vivió Cristo y que está sintetizada en el Sermón de la Montaña. Profundicemos este aspecto en el discurso de las Bienaventuranzas de San Mateo.

2. Lectura de la Palabra de Dios.

Leer Mateo 5, 1-12

3. Eco de la Palabra de Dios en nuestra vida.

-¿Qué te llamó la atención del texto?

-Según el texto ¿Cuándo la pobreza es una virtud que se debe imitar?

-¿Cómo se pueden hacer vida las bienaventuranzas?

-¿Personalmente qué te pide Dios a través de esta lectura?

4. La Doctrina Social de la Iglesia.

Profundicemos en el significado de este texto leyendo el comentario que al respecto hace el libro “Los pobres no pueden esperar” que nos ha servido de guía en estas Jornadas.

Las Bienaventuranzas

«El amor de la Iglesia por los pobres se inspira en el Evangelio de las bienaventuranzas, en la pobreza de Jesús y en su atención por los pobres.»[41] El Señor Jesús se identifica con los pobres en el Sermón de la Montaña que condensa el espíritu de todo el Evangelio. En las Bienaventuranzas se tocan todos los grandes dilemas existenciales de la vida humana. En ellas se nos descubre el rostro mismo de Dios revelado por Jesucristo, un Dios pobre, dispuesto a vaciarse de sí mismo para colmar a los que ama.

Llamar Bienaventurados a los pobres no es alabar la miseria que destruye la vida de los hombres y de las mujeres. «Es un reconocimiento a los que no están llenos de sí mismos, los que en su trabajo cotidiano no han colocado la búsqueda del prestigio, del poder o del dinero como el centro de su vida. Es una exaltación de la vida que se empeña por renunciar a postrarse ante los ídolos que la cultura contemporánea coloca delante de los hombres.»[42]  El fundamento de esta bienaventuranza en considerar a Dios como la mayor riqueza y poner toda la confianza en Él.

«Quien asume la pobreza desde esta perspectiva tiene el coraje de luchar y comprometerse con todas sus fuerzas en la transformación de la realidad, pues sabe que nada tiene que perder pues lo que tiene le viene de Dios.»[43]  De hecho los pobres, los pobres en espíritu, son más misericordiosos. Los corazones abiertos a Dios son, por eso mismo, los más abiertos a los hombres. Prontos para ayudar y dispuestos a compartir lo que tienen.[44]

Esta Bienaventuranza examina el corazón de ricos y pobres y los llama a la conversión.[45] Es amonestación y desafío. Llama a los pobres a la conversión y al aprecio de los bienes que ya tienen. El espejismo de los bienes materiales puede hacer olvidar a ricos y pobres la riqueza que encierra el corazón del pobre, que tiene un potencial evangelizador[46] por el testimonio de su fe y su capacidad de servicio.

Esto nos hace entender que existe una pobreza que es elegible, distinta de la que hay que combatir. La primera es la elegida y propuesta por Jesús. «El nacimiento de Jesús en Belén nos revela que Dios eligió la pobreza para sí mismo en su venida en medio de nosotros… el amor por nosotros ha empujado a Jesús no sólo a hacerse hombre, sino a hacerse pobre.»[47]

(Comentario tomado del Libro: “Los pobres no pueden esperar”, Comisión Episcopal de Pastoral Social, México, 2010, p. 37-38).

La  pobreza que hay que elegir es un estilo de vida.

Profundicemos:

Una pobreza que hay que elegir

En su encarnación, en su vida y ministerio, Jesús nos enseña el camino para llegar a Dios y para llevar a Dios a los demás, particularmente a los más pobres. «Dios eligió la pobreza para sí mismo en su venida en medio de nosotros… el amor por nosotros ha empujado a Jesús no sólo a hacerse hombre, sino a hacerse pobre».[48] Por amor, el Señor «siendo rico, por vosotros se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza» (2 Cor 8,9).

La dinámica de la Encarnación nos hace descubrir en la experiencia cristiana quién es el pobre: es aquél que ha puesto toda su confianza en Dios y espera de Él su salvación. El clamor del pobre no es de ira o indignación por la situación que vive, sino de misericordia, para que Dios manifieste su poder salvador.

La verdadera riqueza no consiste en la opulencia o en la seguridad del dinero. La posesión de los bienes materiales no ahorra a nadie el padecimiento y la muerte. Aun más, lo peor de la posesión de la riqueza es cuando desvía de la comprensión del verdadero sentido de la vida llevando a la idolatría.

La pobreza, como actitud religiosa, significa el desprendimiento de los bienes de este mundo. Es decir, el gesto de apertura hacia la gratuidad del amor de Dios para descubrir el verdadero sentido de la vida. Por tanto, la medida de la pobreza propia es el reconocimiento de la riqueza de Cristo: «para mí la vida es Cristo» (Flp l, 21). La pobreza ayuda a transformar la propia existencia en un signo escatológico que anuncia a los hombres que la fuente de toda esperanza es Dios mismo.

Además, vivir el espíritu de las bienaventuranzas no platea otros retos más:

(Ver “Los pobres no pueden esperar”, Comisión Episcopal de Pastoral Social, México, 2010, p. 59-63).

5. Invitación a la conversión

¿Qué haré en esta cuaresma para vivir un estilo de vida pobre?

 

ORACIÓN:

Señor Jesús, Buen Samaritano,

ya que es tu voluntad el que todos tengamos vida,

y la tengamos en abundancia,

te pedimos que derrames tu Espíritu de Vida,

que dirija nuestros pasos

en la construcción de una Iglesia fraterna y solidaria,

para que las parroquias de nuestra Diócesis de Toluca,

por su testimonio de caridad y de justicia,

sean signos de tu Reino.

 

Y que tu mismo  Espíritu Santo

nos acompañe en el caminar

de todos los trabajos que realizamos

en nuestro primer Congreso Diocesano

de Pastoral Social.

 

Hoy queremos ser Iglesia solidaria

con tus rostros sufrientes, los pobres de esta hora.

Una Iglesia servidora y testigo de la Buena Nueva,

una iglesia discípula misionera en la caridad,

samaritana a la vera de los caminos,

promotora y defensora  de la vida, la  justicia y la paz.

 

Te lo pedimos por Santa María de Guadalupe,

la Señora del Magníficat, Mensajera de esperanza,

Madre y Compañera en la solidaridad

que Tú quieres de nosotros.

Amén.


[1] Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, No. 184.

[2] Juan Pablo II, Homilía en el Yankee Stadium (2 de octubre de 1979), No. 7.

[3] Benedicto XVI, Discurso inaugural a la V Conferencia…, No. 3.

[4] Benedicto XVI, Carta encíclica Deus Caritas est, No. 18.

[5] Cf. Benedicto XVI, Homilía de la jornada mundial de la paz, (1 de enero de 2009).

[6] Cf. Benedicto XVI, Homilía de la jornada mundial de la paz, (1 de enero de 2009).

[7] Pablo VI, Carta apostólica Octogesima adveniens, en la ocación del LXXX aniversario de la encíclica Rerum novarum, (14 de mayo de 1971), No. 42. Citado en adelante: Pablo VI, Carta apostólica Octogesima adveniens.

[8] Cf. Pablo VI, Carta apostólica Octogesima adveniens, No. 4.

[9] Los pasos del método de discernimiento evangélico de la realidad, promovidos por la Juventud Obrera Católica fueron asumidos por el Magisterio Social en 1961. Cf. Juan XXIII, Carta encíclica Mater et magistra, No. 236.

[10] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, No. 36.

[11]Cf. Pablo VI, Carta apostólica Octogesima adveniens, No. 4.

[12] Juan Pablo II, Carta encíclica Sollicitudo rei socialis, No. 33.

[13] Cf. Benedicto XVI, Discurso al cuarto grupo de obispos de México en visita “ad limina apostolorum”, (29 de septiembre de 2005).

[14] Benedicto XVI, Carta encíclica Deus Caritas est, No. 25.

[15] Cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Deus Caritas est, No. 15, 25.

[16] Cf. Juan Pablo II, Carta encíclica Salvifici doloris, sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano, (11 de febrero de 1984), No. 28.

[17] Directorio para la Pastoral Social en México, Nos. 194-198.

[18] Cf. Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millennio ineunte, No. 49.

[19] Benedicto XVI, Carta encíclica Deus Caritas est, No. 19.

[20] Cf. Concilio Vaticano II, Decreto Apostolican actuositatem, sobre el apostolado de los laicos, (18 de noviembre de 1965), No. 8.

[21] Cf. Juan Pablo II, Discurso en la inauguración de la III Conferencia, No. III.2.

[22] Cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Caritas in veritate, No. 6.

[23] Cf. Aparecida, Documento conclusivo, No. 395.

[24] Cf. Ibíd., No. 29.

[25] Cf. Ibídem.

[26] Juan Pablo II Discurso a la CEPAL, No. 7.

[27] Cf. Ibídem.

[28] Cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Caritas in veritate, No. 20.

[29] Aparecida, Documento conclusivo, No. 397.

[30] Juan Pablo II Discurso a la CEPAL, No. 5.

[31] Benedicto XVI, Discurso inaugural a la V Conferencia…, No. 4.

[32] Benedicto XVI, Mensaje combatir la pobreza…, No. 13.

[33] Cf. Ibíd., No. 9.

[34] Cf. Ibídem.

[35] Cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Caritas in veritate, No. 61.

[36] Cf. Juan Pablo II Discurso a la CEPAL, No. 9.

[37] Juan Pablo II, Exhortación apostólica Ecclesia in America, sobre el encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad en América, (22 de enero de 1999), No. 52. Citado en adelante como: Juan Pablo II, Exhortación apostólica Ecclesia in America.

[38] Cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Caritas in veritate, No. 65.

[39] Cf. Ibídem.

[40] Cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Caritas in veritate, No. 66.

[41] Cf. Juan Pablo II, Visita a la favela Vidigal, (2 de julio de 1980), no. 5.

[42] Cf. Juan Pablo II, Discurso a los obreros en Sao Paolo, (3 de julio de 1980), No. 5.

[43] Cf. Documento de Puebla, No. 1147.

[44] Juan Pablo II, Carta apostólica, Novo millennio ineunte, No. 49.

[45] Juan Pablo II, Discurso a los obreros en Sao Paolo, (3 de julio de 1980), No. 8.

[46] Benedicto XVI, Carta encíclica Deus Caritas est, No. 15.

[47] Pablo VI, Carta encíclica Populorum progressio, No. 47.

[48] Aparecida, Documento conclusivo, No. 388.

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